martes, 10 de septiembre de 2013


HISTORIAS DE AMOR
BY BIOY CASARES

En el libro, el punto principal es, el papel que los actantes del triángulo amoroso (amante, amada e impedimento) desempeñan en el entramado narrativo de las historias de amor de Adolfo Bioy Casares, las más frecuentes en el conjunto temático de su producción.

La función de estos personajes varía contemplándolos desde el punto de vista de la narrativa tradicional y observándolos como figuras de una creación reflexiva, base teórica de la fórmula literaria del autor; por esta causa resulta muy interesante la comparación entre la perspectiva de una lectura superficial y la que nos ofrece la consideración de los presupuestos teóricos del desarrollo creativo. El amante casariano, a pesar de presentarse como voz narradora en muchos de los relatos, se descubre como una máscara ficticia carente de entidad real, mientras que toda la carga sentimental se destina a la figura femenina, auténtica diosa erótica. Lo misterioso, alojado en ese actante impedimento que dificulta las relaciones, proporciona un nivel psicológico o de lo sobrenatural que transforma las historias de amor en relatos fantásticos.

Las historias de amor se desarrollan por lo general involucrando a los personajes tradicionalmente literarios del triángulo amoroso: el "yo" amante masculino, el "tulella" femenino y el "aquél/lo", tercer elemento en discordia. Aunque el esquema no es fijo, se reitera muy a menudo con las circunstancias particulares de un yo-narrador en primera persona que en tono de confidencia sentimental
hace partícipe al lector de sus aventuras eróticas y una amada descrita subjetivamente desde la mirada atónita del amante; a la pareja central de carne y hueso se opone un tercer actante negativo cuya función argumental es la de modificar e incluso impedir el curso deseado de la acción. Frente a los dos personajes anteriores, este nuevo ingrediente narrativo introduce lo fantástico o lo anormal, y como consecuencia su textura argumental puede ser más psicológica que física (sueños, miedos, obsesiones, incapacidades...), engendrada por la mente de alguno de los dos actantes principales -frecuentemente la del protagonista masculino-.

Un último actante no-activo se sitúa como espectador ocasional en algunas
narraciones. Su conducta no altera en principio el desarrollo narrativo al que
asiste pasivamente y en pocos casos su versión final ayuda a esclarecer o a
de construir la trama, acercándonos una visión hasta entonces remeditadamente
escondida.

En conclusión su contenido es muy bueno aunque al principio pensé que eran historias de amor con un gran final pero en realidad son relatos con finales tristes y amores incompletos.